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Peluquerías de travestis: salir de la prostitución PDF Print E-mail

Por Virginia Feinmann

¿Algo más interesante para una travesti que aprender los secretos de la “producción” estética femenina? Así lo pensaron ellas, junto con la Fundación Bs. As. Sida, que consiguió que el Gobierno de la Ciudad subsidiara su proyecto: una academia de peluquería para travestis. Allí se capacitan y atienden al público en forma gratuita como medio de vida para dejar la prostitución. Virginia Feinmann fue a visitar este novedoso salón en el barrio de Flores, donde no sólo se trata de embellecer cabezas, sino de abrirlas.

Si hay partes divertidísimas que faltan, es porque no se pudieron recuperar de la grabación. Si hay frases que no se sabe quién las dijo, pueden ser de Claudia, Tamara, Valeria, Mayra o de otras chicas travestis cuyas voces se encimaron: hablan todas al mismo tiempo. Están sentadas en círculo junto con Sebastián Nis (“el profe”) y Alejandro Freyre (“el presi”) de la Fundación Bs. As. Sida. Son llamativas, cálidas, extrovertidas y afectuosas. Muchas tienen formas femeninas impactantes, otras son atractivas señoras maduras, alguna tiene todavía un aire varonil, pero de ese que muchas modelos se esfuerzan por lograr. Hay tanta alegría en el ambiente que cuesta pensar que alguna vez fueron hombres, adolescentes y niños, que se sentían mujeres en un envase equivocado, que fueron discriminados y agredidos. Que se animaron a cambiar de aspecto a costa de perder sus derechos y que, hasta hoy, no tenían otra alternativa que la prostitución.

Image Del otro lado del salón, entrenadas por Sebastián, sus compañeras cortan, tiñen y enrulan pelos. Sentado allí con una bolsa de plástico en la cabeza está Fernando. –¿Por qué venís? –Me lo recomendó una amiga mía de años, una señorita travesti, –¿Qué te hacés?
–Claritos
–¿Y cómo te tratan?
–Bien, re-cómodo, todo bien.
Una travesti de pelo negrísimo largo, labios super rojos y delantal blanco se acerca sonriendo.
–Ella es Flavia, la peluquera que me atiende. Ya le dije: ¡si no me queda bien me pongo de nuevo la bolsa en la cabeza para salir!

Volviendo al grupo, Alejandro explica: la idea es que las chicas aprendan un trabajo que les permita salir del circuito de la prostitución. Cumplen cuatro horas diarias de capacitación y práctica. Y cuando ya saben lo básico, van a hacer una pasantía en distintas peluquerías. Los lunes hay atelieres con algún profesional de la estética, también charlas sobre cómo conseguir trabajo, cómo presentarse. . .  Esto no viene de promoción social, sino de la secretaría de Desarrollo Económico de la ciudad. Así que hay que aprender a iniciar un negocio de peluquería: cómo facturar, cómo atender el teléfono, cómo tratar a los clientes, cómo limpiar, cómo armar una vidriera.

Image –¿Cuánto sale un corte? –Nada, gratis. Ellas cobran su sueldo por el proyecto. A los clientes sólo se les pide si quieren colaborar, porque los materiales son caros y porque además las chicas ya cortan y tiñen bárbaro, así que es una manera de valorar su trabajo. Aparte, en dos meses esto se termina y ellas siguen por su cuenta, entonces tienen que aprender a cobrar. En el grupo murmuran y se ríen de Alejandro, que entiende enseguida y también se ríe;: –Bueno, ok, cobrar saben. ¡¡Pero aprender a vender otro servicio!!

Un trabajo a medida

–Si alguien tiene un criterio de la estética femenina, es justamente una travesti, que está acostumbrada a producirse y lograr esa imagen. ¡Es una idea buenísima!
Todas animadas: “sí, sí, porque una ya sabe lo que queda bien y entonces. . .”
Alejandro muy serio: pero ojo, este es un proyecto de salida laboral, no es para saber producirse mejor, es para saber vender este trabajo y salir de la economía marginal.
–Bueno, pero yo te decía . . . porque podrían haber puesto una carpintería.
–Ah, no, esto es lo que eligieron! Nosotros aprendemos de ellas qué es lo que quieren como

salida laboral. Yo no las iba a meter en un proyecto que no les interesara.
Claro, no ibamos a ir de mecánicas a emparchar gomas”, “aunque algunas sabemos”, “yo sé de electricidad y carpintería, por ir al colegio industrial”.“Ella es enfermera”, dicen señalando a Mayra. “Ella trabajó en el Mercado Central”, empieza a provocar una. “Y ella en el puerto”, remata otra y todas se ríen.

Diez años más joven

–¿Cómo hacen para captar a los clientes?
Sebastián: al principio con AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas), porque reparten bolsones de alimento. Poníamos un volante en cada uno ofreciendo servicios de peluquería gratis. Ahí empezó a venir gente, y después se corrió la voz.
–No tienen cartel llamativo.
–Nooo, porque no sabés –dice una travesti salteña flaquita, de pelos tipo Araceli– se llenaba. Los cartoneros que venían a cortarse el pelo hacían una fila de carros en la calle.
Ahora el barrio lo sabe”, “viene la kiosquera de acá a la vuelta”, “vienen de un hogar de chicos”está re-instalado”.
De pronto hay alboroto en el otro lado del salón:
–¡¡Sebas, Sebas, llamá a la periodista!!!
Flavia le saca la gorra a su cliente: –yo quería que lo vieras para que cuando escribas pongas tu opinión.
Fernando exhibe unos rulos muy bien armados y claritos rubios sobre el pelo castaño.
–Quedaste bárbaro.
–Sí –dice sonriendo de perfil frente al espejo– diez años más joven.

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No todo es color de rosa I

–¿Tuvieron alguna situación desagradable?
Una loca vino a decirnos de todo”, “los chicos del secundario nos escribieron cosas feas en la puerta y nos tiraron un petardo”, “pero se ve que después les hablaron en la escuela, porque pidieron disculpas”, “taparon lo que habían escrito”.
–Igual fue duro –dice Tamara, cuyo único problema para ser peluquera podría ser el infarto de algún cliente frente a sus increíbles ojos azules y piernas de metro y pico– querer empezar algo y que nos traten así.
Sebastián: te digo que al principio la gente del barrio no entendía nada.
Valeria: imaginate, travestis viniendo de todos lados a las cuatro de la tarde, re-llamativas. Ahora todo bien, de los negocios nos saludan.
Yo tengo un cliente, un chico que se está rehabilitando de la droga. Me cuenta cosas, lo que le pasa ahí adentro. Un día me trajo un regalito, me abrazó y me dijo que me quería mucho. Eso es muy lindo”.
Alejandro: claro que en el barrio las conocen, ellas son muy visibles.
–Bueno, yo venía mirando la numeración para ubicarme, y cuando la ví a ella en la puerta con esos rulos rubios y esa altura, dije “es ahí”.
Todas se ríen y Sebastián “reta” a su alumna: ¡estabas haciendo puerta! ¡¡te dije que no hicieras puerta!!

No todo es color de rosa II

–¿Alguna pudo salir de la calle y vive de la peluquería?
Mmm… “hay chicas que hacen las dos cosas”, “hay chicas que ya no quieren la calle”,  “hay chicas que les encanta la calle y no esto”, “bueno, bajamos la carga horaria, ya no voy todos los días”, “no tenés mucho tiempo, entre las clases, la capacitación en salud, los atelieres, las charlas de la defensoría del pueblo”, “y el otro día que fuimos con Alejandro y Valeria a la tele”, “desgraciadamente la sociedad no te da trabajo, vos tenés aspecto de mujer y un DNI de hombre: ¿quién te va a tomar?

Image –¿Hay chicas que les encanta la calle?
Claudia: es plata muy fácil, y no están acostumbradas a tener trabajo y cumplir horario como para venir acá.
–¿Es tan rentable?
–Sí, en la calle hay plata.
–¿Cuánto se saca por mes?
Y . . .  mil”, “¡más!”, “sí, más” “no, menos”, “en verano porque hay mucha luz y gente, pero en invierno más de $100 por día”, “estás hablando de una chica como vos, hay gente grande que no hace ni $70 por día”, “pero ahora viajando a Europa . . .
–¿Viajando a Europa?
Luli: allá hacés en un mes lo que acá hacés en un año. “Pero estás re-desprotegida”, “sabés que te vas pero no sabés si volvés”, “en Italia te raptan los musulmanes”, “yo sé el caso de una”, “y si acá tampoco sabés si volvés”, “estás tan acostumbrada que total, ganas mucho más, te arriesgás un poquito más”.
Alejandro calma los ánimos:
–Yo les hago una pregunta: hay chicas que les encanta la calle, por eso este proyecto no es para cualquier travesti, es para las travestis que quieran dejar la prostitución. ¿Ustedes están acá porque quieren dejar la prostitución?
El bullicio es mayor que antes. Ahora se descargan todas las broncas contenidas, todas las excusas que hay que creerse para poder salir cada día. “es horrible”, “hay muchos riesgos”, “cosas muy feas”, “las drogas”, “tenés que bancarte todo lo que te pidan” “lo que te dicen”, “es un maltrato psicológico”, “siempre amable y con una sonrisa”, “para una persona que te da asco”.
Claudia: además acá tratás con otro tipo de gente.
Alejandro parece desafiar: quizás es la misma gente, quizás al mismo de la calle le estás cortando el pelo...
Luli: ... sí, pero el de la calle te exige cosas que en la peluquería no te van a exigir. En una peluquería ya sabés lo que tenés que hacer y listo.
La travesti salteña vuelve a hablar después de mucho tiempo. Dice bajito, como para ella, y todas se callan: Si sos peluquera, sos la señora peluquera. Si estás en la calle... te dicen otra cosa.
Alejandro me codea orgulloso: –están construyendo identidad. Este proyecto, entre otras cosas, también busca construir identidad.

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 (Publicada originalmente originalmente en revista Hecho en Bs. As). Fotos gentileza de la Fundación Bs. As. Sida. 

 


 
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