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Comercio justo para un mundo justo
| Comercio justo para un mundo justo |
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| sábado, 14 octubre 2006 | |
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Por Virginia Feinmann ¿Hacemos en verdad una diferencia si tiramos el volante que nos dieron al tacho y no en el medio de la calle? Es un papelito más, no va a ser justo el que tape los desagües e inunde Cabildo y Blanco Encalada... ¿Voto al candidato que me gusta? ¿Voto mejor al menos malo, pero con chances de ganar? ¿No voto y listo…? A ver si todavía el resultado va a cambiar por lo que haga yo. ¿Reclamo el vuelto? ¿Uso un aerosol? ¿Voy a la marcha?… La acción pequeña, diaria e individual ¿puede provocar cambios en el mundo? Cerca de un millón de personas de más de 30 países parecen creer que sí. ¿Cambiar el mundo comprando café?“Consumista”, “materialista”, funcional a la “sociedad de consumo”. ¡Estas siempre fueron críticas! Al parecer, todo depende de qué tipo de consumo se hable. El comercio enlaza al mundo desde el comienzo de la historia. De allí su poder global. Las reglas del libre mercado y la competencia fueron provocando situaciones de concentración extrema de la riqueza (pocos con mucho / muchos con poco o nada), y una cadena en la que el productor de los países más pobres es explotado por la serie de empresas que van procesando y vendiendo su mercadería. Así, por la flor exótica que cuesta 800 dólares en Estados Unidos, se le pagaron 2 dólares diarios a la mujer que la cosechó en Colombia en medio de pesticidas con efectos abortivos. El denominado “Comercio Justo”, “Consumo Responsable” o “Economía Solidaria” se practica en 18 países de Europa desde hace varias décadas y sigue aumentando. Christer Eriksson, estudiante de Umea (Suecia), prefiere pagar un poquito más por el café Equita en vez de comprar el Gevalia de la multinacional Kraft Food. Es que Equita está comercializado por la ONG de Comercio Justo “Intermón Oxfam”: bajo la franja verde del envase puede leerse “proporciona un salario más justo a los campesinos del Tercer Mundo”. Este café proviene de plantaciones de Africa y América Latina. El precio que la “libre competencia” le asigna allí bajó un 70% desde 1997, aun cuando los consumidores finales siguen pagando lo mismo en los supermercados europeos. Esa diferencia es pura ganancia de las comercializadoras. Intermón Oxfam elimina esta cadena y les paga su café a los campesinos entre un 70 y un 90% más de lo que dicta la “mano libre”. El resultado: café de excelente calidad, aroma y sabor en sus variedades Robusta (África) y Arábiga (América Latina), Christer Eriksson contento, y millones de familias en Congo, Costa Rica, Tanzania y Nicaragua viviendo en forma digna.
![]() Foto: Agata Skowronek
![]() Foto: Pablo Tosco
La idea central del Comercio Justo es proveer igualdad de acceso a los grandes mercados para aquellos productores del Tercer Mundo que no pueden hacerlo, o sólo lo logran trabajando en condiciones de semiesclavitud. Con la compra de estos productos se fomenta: la dignidad humana en las formas de trabajo y producción, la eliminación del trabajo infantil y la explotación, la igualdad de salario entre el hombre y la mujer, el cuidado del medio ambiente, métodos de elaboración naturales sin utilización de químicos ni pesticidas y un buen trato a los animales de ganado. Entre otros, estos son los requisitos que deben cumplir los productos para ser vendidos en las aproximadamente 70 mil tiendas de Comercio Justo que existen en Europa. Así, llegados desde Asia, África y, en menor medida, América Latina, se pueden adquirir: cacao en polvo, mermeladas (papaya, naranja, mango, maracuyá), azúcar, flores, arroz, langostinos, papelería y librería ecológica, artesanías, artículos para el hogar, ropa (moda para adultos y niños), etc., además del ya mencionado café. Un personaje de novelaMax Havelaar es el protagonista de una novela holandesa escrita en 1860 donde se relatan las injusticias del comercio de café entre Indonesia y Holanda. De allí tomaron el nombre los jóvenes que en la primavera de 1969 crearon el llamado “Negocio del Mundo” en Breukelen, una ciudad chiquita de Holanda. Aplicando los criterios de la economía solidaria, el proyecto evolucionó hasta transformarse, en 1988, en la primera marca de Comercio Justo del mundo. “Max Havelaar” Holanda hoy es súper conocida en toda Europa, y concede su sello a los productos que cumplan con las normas del “Fair Trade”. En un proceso paralelo, un directivo de Oxfam Reino Unido que visitaba Hong Kong durante los años 50, pensó en vender en Londres las artesanías que hacían los refugiados chinos. Diez años después, Oxfam creó la primera organización de Comercio Justo y hoy es una de las comercializadoras y activistas más importantes del mundo, luchando por la eliminación de las reglas inequitativas del comercio mundial que hunden a países enteros del Tercer Mundo en la pobreza (una de sus campañas en este momento es contra la implementación del Area de Libre Comercio de las Américas -ALCA- en nuestro continente). Después de “Max Havelaar” se crearon nuevas marcas de Comercio Justo. En 1989 se formó la IFAT (Federación Internacional de Comercio Alternativo) con organizaciones de todo el mundo. En la actualidad, el Comercio Justo mueve un mercado más que considerable. En Europa, sus productos se venden en 70 mil establecimientos y la facturación sobrepasa los 200 millones de euros anuales, según cifras de la European Fair Trade Association.
Que lo cuenten ellos mismos“¿Cómo le explicamos a la gente que el ALCA es malo para nuestro país?”, se pregunta Martín Báez, militante del Movimiento Humanista de Argentina y partícipe de la campaña continental contra el ALCA. “¿Qué podemos decirles sobre el Mercosur y las bondades del “Made in Argentina” que no sean más que promesas? ¿Por quién saldrá a luchar este grupo cada día más reducido de trabajadores sindicalizados, a los que ya también les molestan los piqueteros, cartoneros y carros de los pobres, porque frenan su acelerada y maravillosa vida… llegando tarde al trabajo... atareados en su mundo… sin tiempo para preocuparse por pequeñeces, mientras siguen creyendo que tienen algo grande e importante que perder?", reflexiona y motiva a reflexionar. No hace falta saber mucho de economía para presentir que el ALCA destruirá las economías locales cuando su socio más poderoso, Estados Unidos, imponga una reducción en los aranceles internos e inunde la región con sus productos subsidiados a precios bajísimos. Por otra parte, la organización Médicos Sin Fronteras denunció que los términos del acuerdo sobre patentes medicinales “afectarán en forma directa el acceso a medicamentos en América Latina, con una restricción en la distribución de fármacos para el tratamiento del Sida, cáncer y enfermedades respiratorias, entre otras”. Nora Uranga, coordinadora de la Campaña de Acceso a Medicamentos Esenciales, remarcó: “Si el ALCA estuviera hoy en vigor, el gobierno de Brasil no habría podido proporcionar los tratamientos antirretrovirales que evitaron la muerte por Sida de 90 mil personas”. La Oxfam también advierte algo que Argentina conoce desde el 1800, cuando Europa nos compraba la lana barata y nos vendía el pullover carísimo. “Los países ricos compran algodón y cacao a bajo precio y los convierten en costosas ropas y chocolate llevándose todo el beneficio. Al mismo tiempo, a los países pobres se los amenaza con retirarles los préstamos si no abren sus mercados a las exportaciones de los países ricos”.
![]() Foto: Pablo Tosco En la voz de sus productores: “Las importaciones nos están desplazando. En menos de una década, el maíz subvencionado destruyó comunidades que habían cultivado con éxito durante miles de años” (José Magdaleno, Chiapas, México). “Los productores de arroz queremos una vida mejor. Trabajamos duro para ello. Pero cuando llegamos al mercado, nos bombardean con una invasión de arroz barato importado y tenemos que vender a cualquier precio. Hemos dejado de mandar a nuestros niños a la escuela. Todos ellos están desnutridos” (Inodil Fils, cultivador de arroz, Artobonite Valley, Haití). “No es justo que no podamos tener las medicinas que necesitamos. Con los antirretrovirales tendríamos esperanza. No veo futuro para mí ni para mis hijas, aunque seguiré luchando” (Belkis Pérez, República Dominicana. Ella y sus dos hijas están enfermas de Sida y no pueden obtener medicamentos accesibles hechos en su país porque están protegidos con patentes por 20 años).
![]() Foto: Fernando Moleres ¿Y en Argentina?La participación de América Latina en el Comercio Justo es bastante reciente. En Argentina apenas comienza a surgir. La cooperativa italiana Chico Mendes (bautizada así en honor al activista ecológico y sindical brasileño) organizó la primera exportación de productos argentinos a Milán, en los términos del “Fair Trade”. Sin intermediarios, y pagando un precio justo a los productores, la Chico Mendes vendió a Italia productos de la asociación Arte y Esperanza, artesanías hechas en las comunidades indígenas de distintos puntos del país. Hoy se están vendiendo en nueve tiendas del mundo y sus creadores han recibido el pago merecido por ellas. Para Harold Picchi, representante de la Chico Mendes en Argentina, el futuro de estas modalidades de comercio y consumo en el país es difícil de precisar. “Si se toma como opción frente al sistema de empleo perdido, funciona sólo como un paliativo. Si en cambio logramos convertirlo en una verdadera economía alternativa, y generamos una cultura de la economía solidaria, del comercio justo y del consumo responsable, la perspectiva es de un verdadero cambio”, destaca.
Con esa perspectiva se han realizado ya varios encuentros de Comercio Justo y economía solidaria en el país, con la participación de organizaciones como Chico Mendes, Cáritas, el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, La Asamblearia, Trabajadores del Tigre en Lucha, entre muchísimas otras. Un dato interesante es que para las fiestas de fin de año, estos grupos suelen armar “canastas justas”, con productos navideños hechos según los principios del Comercio Justo, intentando acercar a pequeños productores y consumidores de bajos recursos. No alcanzaSi bien las redes de Comercio Justo resultan beneficiosas para millones de personas de pequeñas comunidades en todo el mundo, se comprende que depositar todo en la buena conciencia del consumidor y un grupo de ONGs no presenta una solución verdadera al problema de la pobreza y la desigualdad mundial. En el III Foro Social de Porto Alegre se reconoció que “la redistribución no ocurrirá a través de la ayuda”. Es necesario un cambio de reglas. El comercio tiene tal fuerza y alcance que, según se regule, está en su poder provocar la pobreza o revertirla. Así, Oxfam insta a gobiernos, instituciones y multinacionales a cambiar sus normativas “para que el comercio pueda ser parte de la solución a la pobreza, y no parte del problema”. Como ejemplo muestran: “si África, el Sudeste Asiático y América Latina aumentaran su participación en las exportaciones a nivel mundial en tan sólo un 1%, los beneficios podrían sacar de la pobreza a 128 millones de personas. En África, este simple aumento en la participación generaría 70 mil millones de dólares: cinco veces lo que obtiene en ayudas”. Así, piden la eliminación de las barreras a las importaciones que los países ricos les ponen a los países pobres, la prohibición de los subsidios a las exportaciones que hacen bajar los precios, el fin de las imposiciones del FMI y el Banco Mundial a los países endeudados para que abran sus mercados sin pensar en las consecuencias para los sectores más pobres, y normas justas sobre patentes que garanticen a los países la producción de sus propias medicinas, entre otras medidas. Mientras tanto -aclaran- “para cientos de miles de personas, el Comercio Justo significa la diferencia entre la existencia precaria y la posibilidad de planear un futuro”.
![]() Foto: Sarah Errington
![]() Foto: Héctor Oliva
(Publicada originalmente en Revista Hecho en Buenos Aires. Actualizada para OPAZ)
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