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Economía Política
El dilema del huevo o la gallina en los economistas “domésticos”
| El dilema del huevo o la gallina en los economistas “domésticos” |
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| miércoles, 11 marzo 2009 | |
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Por Norberto E. Crovetto y y Rodrigo López Cátedra Nacional de Economía “Arturo Jauretche” (FCE – UBA)
La vuelta al pensamiento keynesiano aún con distintos enfoques que responden a otros tantos intereses económicos concretos, es uno de los temas con mayor presencia tanto en la literatura académica como en los trabajos periodísticos. El pensamiento de por sí polémico del propio Keynes demuestra nuevamente que la ilusión de la edad del pensamiento único (se podría decir la edad de la ignorancia) es sólo eso, un mero espejismo, y que las ideas económicas superviven al paso del tiempo. Pero hay algunas ideas que suelen dejarse de lado y aún rechazarse a raíz de un definido interés en que las mismas no prosperen. Es decir, “el alza o la baja” en la supuesta verdad de las afirmaciones económicas dependen más de los requerimientos políticos y económicos dominantes en cada época que de su carácter en sí como teoría interpretativa de la realidad. En esta perspectiva los últimos análisis del pensamiento keynesiano suelen soslayar la importancia que la balanza de exportaciones e importaciones tiene para los intereses nacionales y sudamericanos. La noticia es la falta de ingreso de capitales del exterior, el riesgo país, etc. O como por ejemplo, en los programas monetarios “domésticos” que se enfocan en base a dos pilares: la salud del sistema financiero y la salud de la cuenta capital del balance externo; el resto de la economía debe subordinarse a estos dos objetivos, y por resto debemos entender, nada más y nada menos que la producción de bienes y servicios, el empleo y la distribución del ingreso, entre otras cuestiones. De este modo la polémica recomienza en donde Keynes la dejó: el rol de la moneda en la economía. La ya un tanto entrada en años afirmación atribuida a Nixon “Hoy todos somos keynesianos” es confusa y nos lleva a los argentinos a ser víctimas de confusiones nada inocentes. En este sentido ciertos trabajos que explicitan el pensamiento keynesiano aportan elementos que separan y por lo tanto aclaran las aguas. Nuevamente el punto central es el rol del dinero (y con ello de las cuentas del sector público) para la economía. Fabián Amico(2) lo señala correctamente cuando afirma que el dinero cuesta poco para el sector público porque más cuesta la recesión pues a causa de la baja de la actividad económica el Estado no puede recaudar y sus cuentas empeoran en lugar de estabilizarse. Nuestras economías, como bien lo esta aprendiendo Obama, pueden estabilizarse en condiciones de crecimiento y nunca en recesión. Para nosotros son las lecciones de los 80 y 90. Desafortunadamente, como suele decir Marcelo Diamand, para la Argentina (y en general para las economías de la Región) la expansión vía demanda (inversiones públicas, déficit fiscal o emisión monetaria) tiene límites dado por la restricción externa donde justamente Diamand ha sido un pensador liminar. En efecto, supongamos el siguiente ejemplo sencillo: Deseamos expandir la economía un modesto 4% por medio de un aumento de la inversión pública financiada vía nuevos préstamos otorgados por el Banco Central, de modo que a la postre la economía crezca a esa tasa. Por supuesto que la elección de los distintos proyectos de inversión no es neutra para una visión dinámica de la economía, causan distintos efectos en una segunda ronda. No es el caso analizar acá cada uno de dichos efectos, supondremos, en principio, que no alteran la productividad global. El mayor nivel de inversiones genera un nivel mayor de actividad no sólo en las empresas contratistas sino que genera a su vez una corriente de mayor demanda en los proveedores de las empresas constructoras y así sucesivamente. Todo ese aumento de demanda termina también requiriendo de mayores importaciones de insumos y materias primas manufacturadas para sostener el aumento de la producción que dé cuenta del aumento de la demanda. Pongamos que por cada punto de aumento del producto las importaciones aumentan un modesto uno a uno, por lo tanto las importaciones aumentan también un 4%. De modo que el país debe contar con mayor capacidad para importar la cual sólo puede conseguirse vía mayores exportaciones. Pero el aumento de las exportaciones depende de mercados ajenos sobre los cuales no tenemos ninguna influencia y por lo tanto no podemos asegurar su crecimiento. Es decir, el estímulo a la demanda ( y aún esto también es válido vía la oferta) tiene un límite en su capacidad de inducir la expansión. Como diría Diamand, es el cuello de botella que surge en el sector externo, la requerida proporcionalidad en el crecimiento de las exportaciones con las importaciones. En el dilema del huevo y la gallina los economistas percibimos un mal olor pero desconocemos su origen. Lo que no vemos en el horizonte es la restricción externa, que es independiente y anterior a la capacidad de ahorro e inversión. La errática disponibilidad de divisas en países dependientes marca de manera antojadiza los ritmos del nivel de actividad como la luz artificial en la producción avícola. Finalmente, es la restricción externa la que nos ahorca la gallina y nos deja sin huevos. Cuidar la disponibilidad de divisas es de vital importancia para el éxito de salir de la recesión amenazante. Y en este sentido, el frente externo tiene dos puntos: la balanza comercial (exportaciones e importaciones) y el movimiento de capitales desde y hacia el exterior. Desde el punto de vista del crecimiento de la economía el primero es el más importante, pues su fortaleza puede permitir aventar los peligros de jugar con el mercado financiero globalizado como aprendices de brujos repitiendo neuróticamente la receta de los 90, verdadera época de estanflación reprimida. Por lo tanto la política económica debe atender firmemente la cuestión de las exportaciones e importaciones de bienes además de buscar controlar el movimiento de capitales con el exterior. Sin duda surgirán los de siempre que dirán que la Argentina tiene una política de contramano del mundo En efecto, no nos quedemos en este punto. Supongamos que le hacemos caso a nuestro economista ortodoxo. Expandimos la economía haciendo ofertismo, es decir promoviendo la producción vía la financiación a la venta, bajando o eliminando alguno de los impuestos a la producción (léanse retenciones), mejorando los costos salariales (reduciendo el salario real), manteniendo una apertura importante del mercado de capitales externo y dejando revaluar el peso. Supongamos además que todo ello tiene éxito, lo que es altamente dudoso. Ninguna de esas medidas asegura el saldo del balance comercial a menos que se crea a pie juntillas en la mano invisible donde los precios relativos arreglan los desbalances domésticos (y que deberíamos llamar nacionales). El resultado, dado el tipo de estructura productiva de la argentina con una diferente relación de entre la productividad agropecuaria e industrial propia comparada con la relación productividad agropecuaria e industrial mundial, es una próxima segura crisis de balanza de pagos con su ciclo de devaluaciones, estancamiento, desempleo, etc. En efecto, al plancharse el tipo de cambio y reducirse los precios internacionales, el valor de las exportaciones caen o no aumentan mientras que las importaciones se quedan constantes o aumentan dado que se abaratan frente a la producción manufacturera nacional que no puede competir si la cotización del dólar es fijada por la pampa húmeda. Por supuesto como antes de alcanzar tal punto la cosa se deteriora políticamente, los propulsores del programa deben irse del gobierno y alguien asume cargar con el chivo expiatorio. Este tipo de movimiento pendular fue bien descripto por M. Diamand en el Péndulo Argentino, (CERE 1985)(3). Frente a la importancia que tiene para el nivel de empleo y el crecimiento de la Nación un dólar o un euro adicional, la fuga de capitales que se ha verificado en el 2008 debe hacer reflexionar gravemente si queremos constituirnos definitivamente como Nación. La salida de capitales sin contrapartida es parte del ahorro nacional, son recursos nacionales que cedemos para su uso al resto del mundo. Si miramos con un poco mas de detalle veremos que las mismas se componen principalmente de dos conceptos. Uno responden a los giros de las utilidades, regalías y conceptos conexos de las empresas extranjeras, lo cuales en época de crisis de los países centrales se potencian a fin de cerrar las cuentas de las casa matrices, lugar donde generalmente se consolidad el flujo de caja mundial. Uno de los controles necesariamente persuasivos debe considerar este aspecto. El segundo componente tiene que ver con los temores y expectativas de los sectores sociales que detentan el poder sobre el ahorro (lo que no gastan). Y en este caso es, desde el punto de vista tanto económico como político miope. En efecto la fuga del ahorro hacia el exterior agudiza la restricción externa y por lo tanto empeora las cosas, entre ellas el negocio propio, de modo que intentando “salvar” parte de su “capital” lo pierden por otro lado. Esta miopía sólo se puede resolver políticamente. En efecto, el sector exportador vende al exterior la mayor parte de su producción, de modo que su tasa de ganancia no depende de la capacidad de compra del mercado interno, por lo tanto fugar capital no tiene ninguna influencia para su negocio pero sí la tiene para la Nación en su conjunto(4). En la medida que no se pueda resolver este conflicto resultará difícil poder aplicar políticas económicas que mejoren la situación social. Fuente: www.catedrajauretche.org.ar [1] Me observó un lector atento y buen amigo que ortodoxo quiere decir recta opinión, lo cual en el caso de los economistas suelen confundirlo con verdad revelada. [2] Fabián Amico,(2009) ¿Somos todos keynesianos? Suplemento Cash de Pagina 12 del 25 de enero de 2009 [3] En este sentido, un tipo de cambio alto sólo no resuelve la situación sino que es necesario además un sistema de tipos de cambio. [4] Jauretche solía sostener que la tiliginada del medio pelo argentino asume los objetivos económicos de los exportadores agropecuarios aún a costa de perder el trabajo y sus ingresos. |
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