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La intervención militarizada en Corea del Sur y Sudamérica PDF Print E-mail
miércoles, 27 septiembre 2006

Por Sonia Winer

Este trabajo ha sido presentado el 24 y 25 de agosto de 2006 en el II Congreso Nacional de Estudios Coreanos organizado por el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Plata y la Asoc. Nacional de Estudios Coreanos, en calidad de miembro del GEEA del Instituto de Investigaciones Gino Germani, Fsoc., UBA 

Introducción

El siguiente trabajo se propone investigar algunas de las causas principales de la militarización en Corea del Sur (en especial a partir del proyecto del gobierno de G. W. Bush de reunificar las bases estadounidenses en el Campo Humphreys, cerca de la ciudad de Pyongtaek, para control de la frontera con China), y de Sudamérica (más específicamente en Paraguay y la Triple Frontera Argentino-Brasileño-Paraguaya), en el marco de una doctrina post guerra fría en materia de Seguridad y Defensa que se propone (a partir de la ampliación y re-conceptualización de las llamadas “nuevas amenazas”) reordenar el espacio geoestratégico mundial en pos del sostén de la hegemonía estadounidense (a través de la estrategia de contrainsurgencia y de apropiación/mercantilización de la Naturaleza) y de las relaciones sociales que rigen en el sistema capitalista.

La estrategia de dominación estadounidense en un mundo militarizado

La intención del gobierno de G.W.Bush de reorganizar y concentrar las tropas estadounidenses residentes en Corea del Sur (denominadas por sus siglas en inglés USFK) ampliando la base militar  Campo Humphreys, situada al noroeste de la provincia de Gyeonggi-Do, debe ser analizada a la luz de una mirada que ha llevado a Estados Unidos a tomar el planeta entero como ámbito de construcción de su seguridad nacional. Realizando entonces un nuevo balance geográfico y estratégico que lo condujo al rediseño de sus políticas y su red de posiciones militares con la intención de generar una infraestructura que le permitan la rápida intervención militar en zonas de conflicto o mencionadas como “ingobernables” ( claves por ser poseedoras de recursos esenciales o ruta de acceso a los mismos) en cualquier parte del mundo.

Además de las 725 bases militares que se le conocen al país del norte, deben tenerse en cuenta los asentamientos secretos y los centros clandestinos de detención que se han multiplicado a partir de la publicación por la Casa Blanca del documento titulado “La estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América” en septiembre de 2002, texto que transformó en política oficial de estado la estrategia de “guerra preventiva” y justificó la ocupación armada de Afganistán e Irak.

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Sobre este accionar ilegal se manifiesta el informe elaborado por el senador suizo Dick Marty (presentado por el Consejo de Europa el 24 de enero de 2006), el cual asegura que más de cien personas han sido detenidas por la CIA estadounidense y trasladadas a través de Europa a otros países para ser torturadas entre los años 2002 y 2006.

El texto mecionado también detalla la existencia de cárceles secretas en Rumania, Bulgaria, Ucrania, Macedonia y Kosovo, así como centros clandestinos de detención como Camp Bondesteel en Kosovo o Guantánamo ( territorio expropiado a Cuba), bajo la conformación de una red de cárceles secretas donde más de ochocientos vuelos de la CIA habrían conducido a  supuestos miembros de Al Qaeda para ser “interrogados”.

La fundamentación teórica de esta ofensiva militarista fue diseñada por  think tanks de la corriente neoconservadora y fundaciones como la Heritage Fundation y el Proyect for the New American Century (que entre sus autores principales reconoce a Thomas Donnelly, Robert Kagan, William Kristol, y Paul Wolfowitz, entre otros), y difundida por publicaciones como The Weekly Standard y Policy Review donde se distingue la voz de autores que resultan paradigma de esta corriente como Charles Krauthammer, quien justifica la utilización de la tortura en esta “nueva guerra”:

“(…) una prohibición contra todas las formas de tortura, de interrogación coercitiva, y de tratamiento inhumano, excepto en dos contingencias: 1) la bomba de tiempo y 2) terroristas de alto nivel…” (Krauthammer, 2005, Maidana, 2006).

La estrategia de Seguridad  y Defensa estadounidense, además de su infraestructura territorial militar, entiende que la información es también poder de combate en la lucha contra las "nuevas amenazas" de corte "asimétrico" y de tipo trasnacional, por lo que invierte gran parte del presupuesto en el control de las telecomunicaciones, la generación de nueva tecnología, implementado el Departamento de Estado el proyecto denominado Red Centralizada de Guerra y en la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Defensa (Darpa). (Ceceña, 2004) Cuyo propósito es generar posibilidades tecnológicas diversas y suficientes para sustentar la fortaleza estadounidense en escenarios cambiantes que le permitan intervenir en cualquier sitio de manera rápida. Las instancias de planeación estratégica del norte  pretenden construir condiciones para enfrentar toda gama de amenazas a través del funcionamiento coordinado de todas las fuerzas de seguridad, aspecto que se conoce como “guerra de espectro completo” o full spectrum. (Ceceña, 2005)

Tomas Barnett presenta en el “Nuevo Mapa del Pentágono” en el año 2003 un mundo dividido en tres regiones: el centro (the core) que abarca todos los países capitalistas desarrollados; los países “estructura o eslabón” (Seam status) intermedios; y la llamada brecha (the gap), en las que se ubican zonas de peligro sobre las que Estados Unidos debe tener una política agresiva de vigilancia, control y de imposición de normas de funcionamiento (tanto de los estados, como de los ejércitos y cuerpos de seguridad, del comercio y de las inversiones) adecuadas para el establecimiento real de un sistema capitalista globalizado. (Ceceña, 2004) En esta brecha “crítica” se incluyen países que no están en guerra ni plantean un posible escenario de conflicto, pero sin embargo son considerados estratégicos: por ejemplo Brasil y Argentina, Haití, Colombia, Corea del Norte, y otros.

Según Ceceña, casi la totalidad de las áreas ricas en Naturaleza (yacimientos de agua potable, hidrocarburos, biodiversidad, y metales que precisa el estado estadounidense) quedan comprendidas en el gap, aunque también se trata de regiones no doblegadas, donde existen en acto o en potencia sectores populares con raíces culturales propias que pueden cuestionar el orden instituido y plantear la construcción de un sistema alternativo al capitalista. Incluso a pesar de que muchas han sido profundamente desestructuradas, empobrecidas y reprimidas, (Ceceña, 2004)  por lo tanto allí se implantan estrategias de contrainsurgencia preventiva o disciplinadora.

Otro aspecto de esta nueva estrategia del norte frente a la re-conceptualización de las amenazas asimétricas (dentro de las cuales increíblemente se incluyen fenómenos tan disímiles como el virus del SIDA, los desastres ambientales, el crimen organizado, el terrorismo, el narcotráfico, y la pobreza) a las que se pretende combatir o resolver con “soluciones” militarizadas llevadas a cabo por los estados nacionales de la región bajo la “supervisión” del estado estadounidense, puede rastrearse en la literatura académica que analiza los espacios fronterizos.

Esta mirada califica determinadas zonas o territorios como “áreas grises” y, por ejemplo Guéhenno, indica que la característica distintiva de éstas es que en su seno desaparecen las distinciones claras entre seguridad externa o interna. Otros autores como Eric de la Maisonneuve las mencionan como un área de “no-derecho” que sirve de refugio y santuario a organizaciones terroristas y criminales  (términos que suele entender interrelacionados) que evolucionan en el lugar con total impunidad, apoyándose en parte en la población local.

Sustentado en estas concepciones teóricas, Bartolomé infiere que la Triple Frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina, resulta un paradigma y ejemplo de la veracidad de tales afirmaciones, asegurando que:  “La pérdida de control estatal de territorio a manos de organizaciones criminales y redes terroristas es clara en caso de Ciudad del Este (…) La seguridad deja de ser concebible como interna o externa, cuando de terrorismo internacional se trata, y los límites del empleo para el instrumento militar se vuelven difusos” (Bartolomé, 2002).

Los autores recién mencionados se constituyen entonces en voceros intelectuales de la estrategia de re-posicionamiento político-espacial estadounidense (que en nuestro continetne se traduce en lo que consideran su área de responsabilidad-ADR) para la que asignan diversas instituciones como el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos ( que opera en el continente americano) y el Comando Norte (que actúa en Asia Central). Ambos cuentan con personal tanto civil como militar que trabaja a lo largo de su ADR respectiva, y están encargadas de ejecutar los planes diseñados por el presidente norteamericano, el jefe de la CIA y un grupo reducido de asesores de la Casa Blanca.

América Latina, considerada por Estados Unidos su “patio trasero”, es descripta por el actual titular del Comando Sur, General Bantz J. Craddock ( en su presentación ante el Comité de Servicios Armados del Senado estadounidense del 14 de marzo de 2006) como:

“una de las regiones menos armadas del mundo (…) Sin embargo esta región difícilmente puede ser considerada benigna. Al contrario, la naturaleza oculta de las amenazas de los Estados Unidos y a nuestras naciones socias pueden estar engañando a unos a primera vista. Las condiciones de pobreza, enfermedad, corrupción, desigualdad social y la disparidad del ingreso extendida, contribuyen al descontento creciente (…) Territorios sin gobierno y fronteras porosas agregan otra dimensión. Todas estas condiciones crean un entorno que conduce al desarrollo de amenazas como el tráfico ilícito, bandas urbanas, secuestros, delincuencia y narcoterrorismo. (…) Este ambiente permisivo que existe a lo largo del ADR permite a los grupos extremistas mantener una presencia y operar con relativa impunidad. Nosotros tenemos indicios de la presencia de grupos radicales islámicos en varias zonas a lo largo de nuestra ADR. Estos miembros y facilitadotes principalmente proporcionan apoyo logístico a los grupos terroristas islámicos en numerosas ciudades de la región, incluyendo el área de la Triple Frontera entre Argentina-Brasil y Paraguay. (…) las organizaciones terroristas como Al Qaeda buscan refugios seguros en las muchas áreas sin presencia de gobierno en esta región.” (Craddock, 2006)

La idea de que existen áreas fronterizas porosas donde Estados Unidos debe “ayudar” a los estados nacionales a tener una “buena gobernabilidad”, en realidad es una excusa para montar allí instalaciones de inteligencia, centralización de la información, e infraestructura militar que les posibilite intervención rápida ( lo cual es evidente que implica una clara injerencia en la soberanía nacional de estos países) cuando el país del norte considere que sus intereses nacionales se encuentran amenazados. Y plantea un peligroso concepto de que la amenaza se encuentra al interior de las fronteras y ubicada en la población, doctrina que ya en los setenta dejara cientos de miles de víctimas durante las dictaduras militares en nuestro continente y que se hiciera tristemente conocida como guerra “contra-revolucionaria” o "doctrina de seguridad Nacional".

Sin embargo es importante destacar que la actual política imperialista y la difusión de esta nueva doctrina (en algunos aspectos tan similar a la que diera origen al Plan Condor), aún precisa de la “cooperación”, o mejor dicho de la complicidad, de las clases dominantes de los estados nacionales capitalistas de la región, siendo paradójico que las militarización se realice en nombre de la defensa de la democracia y la libertad cuando el mismo Craddock pone en cuestión la institución electoral:

“Una elección puede presentarse como una oportunidad para aquellos con visiones extremistas que explotando temas como el nacionalismo, patriotismo, o retórica anti-elite o anti establishment buscan ganar el apoyo popular-especialmente en las jóvenes y vulnerables democracias. El Comando Sur es la vinculación y el apoyo para la buena gobernabilidad (…).” (Craddock, 2006).

Por lo tanto la organización de los sectores populares todavía puede forzar políticas progresistas en materia militar gracias a la presión ejercida desde las bases, la que para ser efectiva deberá cristalizar en un una política de Defensa acorde con el fortalecimiento de las clases subalternas. En caso contrario, los gobernantes y estados perderán verán puesto en tela de juicio su legitimidad, debiendo asumir los costos políticos por no escuchar las necesidades del pueblo.

Corea del Sur: entre la estrategia estadounidense y la resistencia campesina

A pesar de promover acuerdos para poder avanzar en la constitución de un sistema de Defensa Nacional Surcoreano autónomo que se independice de la injerencia estadounidense que históricamente se ha ejercido desde el año 1953, el presidente Roh Moo-hyun concedió al gobierno de G. W. Bush el pedido de concentrar las más de 30.000 tropas estadounidenses que residen en el país en la base conocida como campo Humbhreys. La cual aunque a principios de 2004 ocupaba 1480 hectáreas, en diciembre de ese mismo año el gobierno surcoreano se comprometió a ampliar progresivamente hata llegar a la cifra de 1140 hectáreas.
El campo, situado cerca de la ciudad  Pyongtaek, en la Provincia de Gyeonggi-do (al noroeste), es una región eminentemente agrícola. Los pobladores de Daechuri y de las comunidades cercanas de Dodu-i-ri en Pyongtaek son cultivadores de arroz que rondan los 60 y 70 años. Daechuri significa "Pueblo de Gran Cosecha" en coreano y la región es famosa por sus plantaciones de arroz.
Como parte de la nueva estrategia militar de la administración Bush de reposicionamiento global delineado por el antes mencionado "Proyecto para un Nuevo Siglo Americano", que incluye un evidente control fronterizo sobre la potencia que emerge como posible contrahegemón de los Estados Unidos: China,  las tropas estadounidenses estacionadas en Corea del Sur pretenden ser reordenadas por completo y concentradas en esta base militar ampliada. Sin embargo, ello requiere del desplazamiento involuntario de las comunidades agrícolas de Daechuri y Dodu-i-ri, y de la expropiación de tierras a hombres y mujeres campesinos se niegan a abandonar el lugar.

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La oposición a la expansión de la base militar ha venido de variadas y diversas corrientes de la sociedad surcoreana. Además del desplazamiento de las comunidades, muchos han señalado otros aspectos como el impacto devastador sobre el medio ambiente de las bases militares estadounidenses, los crímenes violentos cometidos por sus tropas estacionadas en la península, el tráfico de personas y la prostitución forzada que rodea a las bases, además del potencial para una nueva carrera armamentista que podría desestabilizar todo el Noreste de Asia.

El sentimiento antiimperialista y de cuestionamiento hacia Estados Unidos encuentra sus antecedentes más claros a principios de los años ochenta por la complicidad de este país en la masacre de Kwangju, así como también en las luchas contra las dictaduras militares que sufriera el país durante más de 30 años, y que fueron finalmente derrotadas a partir de la movilizaciones populares por la democracia en los años 86 y 87. La movilización y el activismo de los movimientos sociales surcoreanos pertenecientes a las clases subalternas continuaron en los años noventa logrando forzar la salida a la crisis económica del año 97 en contra de las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, y ahondar en los procesos de democratización y participación popular, incluso en instancias internacionales como la Organización Mundial del Comercio (que pretendía cerrar los acuerdos en materia de agricultura perjudiciales para sectores del agro surcoreano). (Winer, 2006)

La participación en Redes de Resistencia Global y Foros como el Foro Social Mundial nos habla de sectores activistas que han sabido construir una continuidad temporal de las luchas por la democracia (entendida como democracia participativa en favor de los intereses de las mayorías) bajo el capitalismo coreano, condicionando seriamente las agendas de gobiernos mediante la movilización en las calles. (Winer, 2005)

Un claro ejemplo de ello es lo sucedido en el Campo Humphreys.

La ampliación para las instalaciones de la base significaba que alrededor de 1372 residentes serían expulsados de sus tierras cuando ya, cincuenta años antes, estas comunidades perdieron sus territorios frente a dos fuerzas extranjeras (primero los japoneses, luego los estadounidenses) que construyeron y expandieron sus bases militares sobre esos campos fértiles. Siendo ésta la tercera vez que experimentarían la expulsión y el desarraigo.

El mismo Ministro de Defensa coreano declaró públicamente que haría las casas inhabitables y los campos incultivables a fuerza de cortes de luz e intervención policial, especificando que si alguien tocaba alguno de los hogares vacíos sería multado.

Para impedir los cultivos usuales se cortaron las líneas de agua y se alambraron los campos. Sin embargo, tanto familias residentes como organizaciones de derechos humanos han estado luchando desde el año 2001 contra la ampliación de la base estadounidense por medios legales, resultando engañados e ignorados por el estado, lo que los decidió a realizar acciones de protesta mediante el método de la desobediencia civil.

En febrero de 2005, un grupo autodenominado "Viento de Paz" llegó al poblado e inició algunas actividades de apoyo mientras convivía con los residentes. En marzo de 2006, organizaciones sociales de todo el país formaron un “Comité de Contra  Medidas” para unirse a los residentes de Pyongtaek en programas educacionales, publicidad y acciones de solidaridad.
Asustados por los enfrentamientos, algunos pobladores aceptaron el dinero de compensación ofrecido por el estado y emigraron, otros fueron obligados a huir; sin embargo muchos campesinos y sus familias se rehusaron a entregar sus casas y modos de vida a las ambiciones estadounidenses. Se conformó una campaña nacional que incluyó una caravana de tractores titulada "Peregrinaje por la Paz" y movilizaciones masivas.

En diciembre de 2005, luego de que un mes antes murieran dos campesinos bajo las manos de la policía antimotines de Seúl, el “Comité de Expropiación de Tierras” aprobó la "toma de dominio" de Daechuri, Doduri y los campos circundantes, pasando a ser ilegal la existencia de los campesinos en su propia tierra. Enfurecidos y desilusionados, en febrero de 2006, los campesinos y las campesinas marcharon al centro municipal de Pyeongtaek y quemaron los "autos oficiales" de miembros del estado, renunciaron a su ciudadanía surcoreana, y declararon a Daechuri región autónoma. Conformándose dentro del territorio rebelde una comunidad de artistas, músicos, activistas por la paz, y líderes religiosos, que se han unido a los residentes reparando y ocupando las casas vacantes y creando el llamado ahora "Pueblo de la Paz".

Murales de esperanza y resistencia pueden observase en las paredes vacías, banderas y carteles oponiéndose a la expansión de la base estadounidense y al imperialismo, cuelgan por todo el pueblo.

Actualmente las familias campesinas están cultivando arroz desafiando abiertamente la ley que les prohíbe actividades agrícolas, por cuya infracción pueden recibir 2 años de encarcelamiento y una multa de 7000 dólares. El derecho a alimentarse de estas familias está amenazado e intentos de desalojo violentos se producen cada tanto por la policía antimotines. 

El 4 de mayo de 2006, según denunciaba Amnesty Internacional, hasta 130 personas resultaron heridas tras el despliegue de 13.000 agentes de policía antidisturbios y 3.000 soldados contra 700 activistas y campesinos que protestaban por el desalojo de su pueblo de manera pacífica. Se detuvieron 350 personas.

En conclusión, lLo que esta experiencia de resistencia deja de manifiesto es que la estrategia estadounidense aún tiene la necesidad de crear alianzas con los estados capitalistas nacionales, los que pueden o no utilizar sus aparatos represivos para la expropiación de la Naturaleza (en este caso tierras) en pos de los intereses imperialistas extranjeros. Pero amo ; pero al mismo tiempo también nos muesta el interés geoestratégico que despierta esta zona cercana a China, no solo por la importancia política de la misma en el plano internacional , sino por su riqueza en recursos metalíferos tales como el Indio, el Galio, el Tungsteno, el Hafnio, el Germanio, el Molibdeno y el Titanio, de los que dependen la economía (y sobre todo la industria estadounidense) para sobrevivir. (Ceceña, 2004)

En este sentido algunos académicos expresan que la ocupación de Afganistán e Irak, a pesar de la inestabilidad conque se mantiene debido a la resistencia del pueblo irakí, y a pesar también de los costos políticos que podría llegar a pagar el partido republicano en el futuro, le permite a Estados Unidos no solo el acceso a los recursos que allí se ubican sino especialmente la vigilancia sobre las relaciones de esta región con China y Europa.

Paraguay y la Triple Frontera: el Comando Sur y la apropiación de la Naturaleza

El caso paraguayo ha sido tomado como ejemplo de “estado fallido” por la literatura estadounidense, en especial a partir de las movilizaciones que durante el año 2002 y el 2003 lograron impedir la privatización de los bienes del estado, llegando a cuestionar mediante un activo y extendido proceso de politización, el orden instituido y a los partidos políticos tradicionales.

En un contexto internacional y regional de movilizaciones en Bolivia y Ecuador que exigían la nacionalización de los recursos naturales, el ascenso o llegada al poder de líderes progresistas, y el fallido intento de golpe de estado a la República Bolivariana de Venezuela y al presidente Chávez (país que posee una de las reservas de petróleo más grandes del mundo). Estados Unidos decidió convocar a una reunión extraordinaria sobre terrorismo en Monterrey, México, a donde acududieron los Ministros de Defensa de los estados capitalistas del hemisferio bajo el marco normativo de la Organización de Estados Americanos y del Esquema Cooperativo de Seguridad Hemisférico. (Winer, 2006) Sin embargo las propuestas en materia de fusión de Defensa y Seguridad resultaron rechazadas por países como Argentina y Brasil, aunque la llegada al poder del presidente guaraní Nicanor Duarte Frutos consiguió conformar un punto de penetración del Mercosur a través del despliegue acelerado de la estrategia contrainsurgente promovida por Estados Unidos.

En Paraguay, el partido colorado, los sectores tradicionales del poder económico, y en especial los latifundistas y empresarios sojeros que concentran la propiedad de la tierra , se aunaron tras la figura presidencial para exigir la represión del movimiento social y la defensa de la propiedad privada. Duarte Frutos, asesorado y aliado con el gobierno de G. B. Bush, implementó el aparato policial, el judicial, y las Fuerzas Armadas para el disciplinamiento de los sectores populares. A pesar de la debilidad de las centrales sindicales, los movimientos campesinos que estában siendo expulsados de sus tierras para la extensión de la frontera sojera y de los latifundios (a veces mediante “acuerdos” de compra de tierra, pero la mayoría a través de grupos paramilitares armados por el propio Ministerio del Interior o por los empresarios que extienden el terror como mecanismo para desplazar poblaciones y acallar la protesta social), consiguieron reconstituirse e implementar acciones de protesta.

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A fines de 2005, entonces, el Congreso Guaraní otorgó inmunidad jurídica a los civiles y militares estadounidenses actuantes en Paraguay a través de la ley N° 2594, y comienzaron a realizarse cada vez de manera más evidente acciones que van desde la reconstrucción de infraestructura en zonas como el Chaco paraguayo (que linda con la  frontera boliviana) cuyo subsuelo contiene grandes reservas de agua potable e hidrocarburos, hasta entrenamiento del ejército paraguayo en la represión del conflicto social mediante la persecución, asesinato y desaparición de campesinos y campesinas, o tareas de inteligencia y control de la población cubiertas tras la apariencia de ejercicios de ayuda humanitaria.

La embajada estadounidense difundió un comunicado mencionando la presencia de grupos guerrilleros como las FARC en Concepción y Alto Paraná, así como presencia terrorista y hasta campos de entrenamiento de Al Qaeda en Ciudad del Este y la Triple Frontera (zona de recarga del Acuífero Guaraní, considerada la reserva de agua potable más importante del mundo recientemente descubierta).
Las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos por un estado que actúa como un estado mafioso y criminal (pero funcional a los intereses estadounidenses en el Cono Sur en tanto institucionaliza prácticas represivas y de delación que exacerban las construcción de una alteridad negativa y la fragmentación y desconfianza entre la población ) sienta un peligroso antecedente y anticipa un escenario conflictivo para el futuro del nuestra región y, en definitiva, de la humanidad.

Mostrando que las tendencias a la mercantilización y apropiación de la Naturaleza se garantizan a partir de la militarización del mundo y a través de la represión preventiva de quienes, en acto o en potencia, se niegan a ser desplazados, y expoliados de sus tierras y recursos.

La única salida posible, entonces, consiste en la organización y movilización de los sectores populares por la defensa de la vida y el derecho de los pueblos de conceptualizar prácticas y leyes que comprendan la Naturaleza como un derecho humano y no como una mercancía. Así lo demostraron los campesinos surcoreanos en Asia y los paraguayos en Sudamérica.

Bibliografía

Bartolomé, M.C., “La Triple Frontera: Principal Foco de Inseguridad en el Cono Sur Americano”, 2002.
Ceceña, A.E., “Estrategias de construcción de una hegemonía sin límites”, CLACSO, 2004.
Ceceña, A.E., “Subjetivando el objeto de estudio o de la subversión espistemológica como emancipación”, CLACSO, 2006.
Guéhenno, J.M., “The impact of globalization on Strategy”, Washington DC, 1998-1999.
Maisonneuve, E., “Conflictualité et sécurité”, en L'ordinaire Latino-americain, N° 195, 2005
Winer, Sonia, “La mercantilización de la Naturaleza en el contexto de la dominación estadounidense y del capitalismo actual: por qué Bin Laden estuvo en la Triple Frontera”, 2006.

 
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