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Escrito para el Observatorio por la Paz www.observatorioporlapaz.org 18 de noviembre de 2006, Toulouse, Francia No te equivoques, a pesar de todo lo que voy a decir Francia es hermosa. Hermosa como las estrellas que se ven apenas salimos hacia la provincia de Buenos Aires. Como los lunares de tu espalda que intento contar para consuelo de mi soledad. Como los susurros de amor en las mañanas sobre mi lento despertar. Del doce de octubre al diecisiete de noviembre no hice más que girar en torno a la burocracia de Toulouse, de oficina en oficina, intentando que me perdonen el venir de Argentina sin pasaporte europeo. Es aquí, en el país que ha recibido a nuestros exiliados durante las dictaduras militares, que sentí por primera vez la discriminación. Y estas dos caras de un país precioso y terrible se me han cruzado a cada momento desde mi llegada. Pero en el cruce, los puentes iluminados de noche son una caricia que me arrastra hacia la emoción. Entonces lloro pura bronca por los abrazos tristes de Stella, sobreviviente de uno de los malditos centros clandestinos de detención de los setenta (porque ahora hay otros, pero como están en Medio Oriente y Guantánamo ya a nadie escandalizan….hasta a El Horror nos han querido acostumbrar), la sonrisa de Ariela, nacida en el exilio, el llanto de Leonor que se vuelve el reflejo de tantos llantos... Es entonces cuando los desaparecidos se me aparecen una y otra vez en este pueblo con hijos e hijas de padres y abuelos refugiados del franquismo español. Ni la caricia de los puentes puede borrar las huellas de las dictaduras fascistas. Y esta ciudad podría pensarse como una especie de refugio para almas con dolores heredados y sabor a destierro, escondidos tras una apariencia indiferente, oculta, callada, silenciosa, traumatizada y reprimida, y claro, por supuesto, siempre a flor de piel. Porque Francia te cobija como una madre hambrienta, pero al mismo tiempo te obliga a pagar un precio muy alto respecto de la propia identidad. Es la historia de siempre, solo que con mecanismos sutiles donde la sobreadaptación se expresa en la dureza de los propios argentinos radicados aquí. Y sin embargo, me dicen que Paris puede ser más cruel y encantadora. Muchos argentinos o latinoamericanos son una clara expresión de estos quiebres, tan profundos como el mar Atlántico que hoy nos separa. A la luz del suelo europeo y de un inmenso vacío lleno de dolores y desarraigo que no se logran esconder, a pesar de la capacidad intelectual y de un gran despliegue de seducción. Pura espuma. Luego la nada. El no poder admitir la desesperación, la crisis, los costos de la comodidad y una seguridad ficticias, el “prestigio” que el sistema educativo francés intenta sostener vaciando emocionalmente a los sujetos, queriendo ocultar tras el argumento epistemológico de la “cientificidad” el temor al compromiso social y el quiebre político, la estimulación de una construcción del conocimiento y de un pensamiento fragmentado, parcializado, autista, eurocentrista, jerarquizado, escindido, formalista, inmaduro, individualista. Vivir de las glorias pasadas cuesta caro y como siempre, pocos son los que se cuestionan de donde sale el dinero para sostener los resabios de este estado social. Y sin embargo no he podido menos que enamorarme de este mundo y agradecerle profundamente que me reciba y cobije. Al fin pude descansar un poco. Como dije, Francia es terrible y maravillosa a la vez, y tiene mecanismos tan sutiles de discriminación que son la muestra más acabada de que, en definitiva, el capitalismo se expresa de maneras similares en el mundo académico globalizado. La escisión entre el discurso y la práctica aparece y se reproduce en el sistema educativo de una manera tan impactante que resulta casi invisible a los ojos. Releer Foucault, Baudelaire, Lacan, Camus, Vian, pensar en Sartre, en Olimpe de Goulle y en Flora Tristan, y encandilarme con la riqueza cultural que se refleja en las paredes rosas de las casas y en las inquietudes de las personas, no me ha impedido descubrir que tras las relaciones en general abusivas y jerárquicas de poder que se establecen sobre los estudiantes, tras mecanismos infantilizadores de organización espacio temporal de cursada, y tras mecanismos evaluatorios individualistas y que solo estimulan la competencia por una beca doctoral ; tras una profunda inseguridad en si mismos erigida de modo para nada inocente, todavía queda espacio para construir otro tipo de sociabilidad entre los compañeros y las compañeras, así como en el ámbito de la comunidad educativa. El sol, la luna, libertad, mi esperanza. Esperanza mía. Tuya. Nuestra. Ese es el gran desafío. Aquí el neoliberalismo ha logrado lo mismo que las dictaduras militares en nosotros, anular la capacidad de las nuevas generaciones de asumirse como sujetos y sujetas políticos del cambio, de pensamiento crítico, como obreros y obreras capaces, no solo de construir otro mundo posible desde el conocimiento, sino también desde relaciones cotidianas basadas en la solidaridad, lo colectivo, y la posibilidad de ponerse en el lugar del Otro y la Otra. Y entonces otra vez tu recuerdo, que es el recuerdo de un nosotros llenos de angustias, temores, risas, cantos, sueños, justicia social, equidad, revolución. Y el reencuentro con mi propio dolor por haber permitido que la militancia me militarice. Por haber permitido me convierta en esa mujer dura que se ha construido tantas defensas que casi no puede sentir el dolor ajeno, porque en realidad no se atreve a sentir el propio. ¿Qué opción de izquierda se puede proponer desde esta racionalización que impide el sentir? ¿Qué clase de feminista he sido juzgando con excesiva dureza a las mujeres de mi familia? Lo que lastima no es la discriminación del sistema francés sobre mí sino descubrir que yo también discrimino. Duele más la intolerancia propia que la ajena. Y sobre todo, la soberbia porteña que es muy capaz de hacerle sombra a la soberbia local. ¿Cómo conciliar convicciones y humildad? ¿Desarrollo individual con lucha colectiva? ¿El yo y el nosotras? ¿El yo y el nosotros? ¿El amor y la libertad? ¿La fuerza y el desamparo? ¿Las lágrimas y la felicidad? ¿Cómo traducirles a mis compañeros franceces las ganas de ir corriendo a tocar sus puertas en busca de protección frente al desconsuelo de lo que el sistema está haciendo con nuestros pueblos oprimidos desde siempre, con nuestras vidas, y con nuestros corazones? No se como traducirles el miedo que he sentido, la culpa por dejarlos a ustedes luchando en Buenos Aires, la impotencia de que nuestras ilusiones se encuentren manoseadas, inseguras, angustiadas, expuestas. Sin embargo les recomiendo que, en Buenos Aires, aprovechen la fusión entre las diferentes áreas de investigaciones como una oportunidad para construir de nuevo desde otro lugar. Busquen en el interior de sus almas la capacidad subversiva de convertir un recorte de personal en un ámbito integral de producción de conocimiento y debate político. Yo se que pueden. Podemos. Con el fin de aprender de la experiencia y acumular una sabiduría que precisaremos pronto. Sepan sostener a quienes ocupen cargos como el de asistentes de coordinación y sobre todo, sepan perdonarles los errores con la misma generosidad con que pudieron perdonar los míos. Luciana es Luz Perdón. Recuerden que lo que busca el sistema es volvernos inseguros para que los jóvenes no podamos ocupar lugares de poder sin ser autoritarios o hacer un uso abusivo del mismo. Sin querer queriendo, como decía el Chavo, la izquierda criolla nos está brindando la posibilidad de probarnos a nosotros mismos, incluso en las peores condiciones, y de mostrar que, en definitiva, somos el aliento del futuro. ¿Cómo explicarles en este contexto porteño de preocupación la culpa por ser feliz en Toulouse (j´aime la France, suelo decir y todos se ríen), por tener tiempo para la reflexión política e intelectual mientras en Buenos Aires mi ausencia duele? Porque soy consciente de que mi ausencia te duele y lamento una y mil veces que el precio por este camino de compromiso sean tus lágrimas. Tus lágrimas corren por mis mejillas para terminar en el Río de la Plata. Desde el cielo de Villa Bosh me llegan tus reclamos silenciosos y también tu soledad. Y desde el cielo de Toulouse intento darte respuestas, explicaciones, esperanza, fuerzas. Amor. Intento entregarme completa al abrazo del hombre soñado sin caer al vacío. Este viaje es una posibilidad para que descubran que yo nunca fui yo. Siempre fueron ustedes, solo que no se daban cuenta. Luciana y luciérnaga que sorprendes y arrullas en la noche Gracias. Para salir críticos, fortalecidos y confiados de ambos lados del océano. Este viaje también es una ocasión para escribir cosas nuevas ya que aquí no han llegado nuestras publicaciones, ni las de consejo latinoamericano de ciencias sociales. Luego vino lo más terrible: tal vez todavía no hemos escrito nada que tenga la suficiente importancia para cruzar el mar. Pero lo haremos colectivamente A pesar de que los libros no sepan nadar. Aprovecharemos esta coyuntura para extender esos maravillosos puentes iluminados desde Toulouse hasta Buenos Aires y al resto de Latinoamérica. Entonces el brillo de las luces conectará señales y sueños de diferentes partes del mundo y las nuevas generaciones haremos escuchar nuestra voz. No vuelvas a preguntarme si voy a regresar, estoy siempre allí contigo.
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